El Arbol y el pájaro
9 de Julio de 2006 a las 9:43 pm | sobre Poesía, Pensamientos | 18 comentarios“EL ÁRBOL NO PUEDE VOLAR, PERO EL PÁJARO NO PUEDE ECHAR RAICES”
Carta de amor
9 de Julio de 2006 a las 9:40 pm | sobre Poesía | 18 comentarios¡Hola María!
se hizo la noche en mi semblante,
y no supe como decirte
lo mucho que te quiero.
Las sombras de la noche,
con sus trucos de siempre,
apartaban de mi tu figura emblemática,
y apenas pude percibir que me llamabas.
Ni siquiera supe nunca por qué la razón
dejó de sorprenderme en la alborada.
Tampoco intenté describirte aquellos
sentimientos de fuego que lastimaban
mis entrañas.
No fueron tres tan solo,
más no quiero abundar en el pasado,
ni recalar nuevamente en el vacío,
ni en la tierra de nadie que cercena
las amapolas blancas.
¡No se como decirte lo mucho que te quiero!
¡ni como regalarte el más tierno de los besos,
la más dulce melodía,
el más bello de mis sueños!
¡Ya lo sé María!
se que me buscas en aquel lugar
donde las rosas marchitaron,
donde el error se convirtió en destino,
pero ya no estoy allí,
ni siquiera recuerdo
la ubicación precisa
del olvido mortal que machacó mi vida.
Regresaron con cierto dolor en las espaldas
las tenebrosas dudas, las medias tintas,
los mitos, las patrañas.
Juro al Dios Bacco
que el consuelo que siento es por el vino, el vino tinto y sus taninos,
que en la copa celestial de mis promesas, me redime.
No quiero perturbar
esos silencios de la noche,
que entre espinas se esconden en la nada.
No equivoques la percepción solemne
de lo que aquí te escribo.
No pretendo de momento erguir la paz,
ni conquistar tu aurora con tristeza.
Solo quiero, mi amor, mi pequeña María,
mostrarte el lado oculto de mi alma,
en esta noche en que la luna
buscaba una cobija en el oriente,
un espejo en el lago de los sueños y perderse en los mares de la calma.
Sin saber como decirte que ¡Te quiero!
me despido,
impaciente por sentir en mi rostro la eternidad inmensa de tus labios,
y el calor sutíl de tus abrazos.
Sólo tu, María
9 de Julio de 2006 a las 9:38 pm | sobre Poesía | 1 comentarioVan pasando los días haciendo primaveras,
y siento que te acercas con esa mansedumbre,
de cientos de colores y mimos ancestrales,
con el cielo en tus labios, en tu boca.
¡Que dulzura la tuya, María!
que figura de lino, de fresco aroma,
te siento, te presiento y me enamoras,
con el tiempo curtido por aquellas noches,
las locas noches donde sólo tú eras todo.
Ya no vienes como antes lo hacías,
ahora te regresas cargando la luz,
con el brillo en tus ojos negros,
y traes un manto que nunca antes ví.
Quizá para ocultar el llanto,
para tapar aquellos secretos insolentes,
y proteger el alma de la pérfida rutina,
que mata la ternura de un plumazo.
Yo que siempre observé como caminabas,
como encendías la pasión en mi morada,
te puedo asegurar, te lo aseguro,
que siento que me muero cuando callas.
María, irrepetible mujer, lindo ser,
pradera verde de mis sueños perdidos,
no te vayas otra vez sin decir nada,
no te lleves al río los recuerdos perennes,
ni dejes que perezca entre ruidos el saludo,
la vida que se teje entre las manos.
Se que lo harás por mi,
porque nadie me amó como tú lo hiciste,
día y noche, sin tregua, a todas horas,
¡solamente tú, María!
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