Padre Nuestro

30 de Noviembre de 2006 a las 8:40 pm | sobre Poesía | 32 comentarios

Padre nuestro,
amigo nuestro que estás en la tierra,
consolando la soledad del hombre,
alabemos todos tu sencillez.

Ven hoy con nosotros,
y llena con tu presencia nuestra estancia,
en el hoy de aquí y de ahora.

Hágase tu voluntad de siempre,
hágase tu voluntad de construir
un REINO de vida y no de muerte…

Hágase tu voluntad en todos los confines del átomo,
en todos los territorios del tiempo y el espacio…

El pan de todos, que sea para todos,
como tú tenías previsto en la última cena.
Dánoslo pues hoy, y perdona nuestras debilidades y límites,
y ayúdanos a que aprendamos nosotros tambíen a perdonar.

Y no permitas que caigamos en la tentación
fácil y cómoda del poder,
de la palabra estéril y vacía,
mas líbranos del mal de la duda,
de la tibieza de corazón,
de la deslealtad y la insconciencia, AMEN.

A orillas del tiempo

30 de Noviembre de 2006 a las 8:34 pm | sobre Poesía | No hay comentarios

¿Recuerdas aquel viaje hacia la nada?
¿Recuerdas que llevabas amapolas?
¿una paloma blanca,
un cesto lleno de ilusiones,
una partida de cartas,
y un te quiero?
Caminaste mucho en pos de aquella nada,
no había ningún punto preciso al que mirar,
ni nadie que esperara.
¿Recuerdas?
Orillabas el tiempo sin muchos objetivos,
sin saber siquiera a quién buscabas,
¿Recuerdas?
Pero el tiempo no paró su ruta,
ni cambió el turno de la noche,
ni siquiera se ubicó en tus cansados pasos.
Y es que el tiempo no tiene recuerdos,
está ahí, no sabemos como,
ni si llora ciertas despedidas,
o siente que las sombras lo maltratan,
ni siquiera si existe o sólo es pensado.
Y tu seguiste andando…¿Recuerdas?.
Todo tu ser miraba hacia adelante,
¿Quien gritó que no siguiera andando?
¿Que no siga?
¿Quien dijo cobardía?
Siempre adelante,
¡como una barca de dos proas!
Buscando y buscando hasta el agotamiento,
¡hasta la eternidad!
Y en medio del camino hacia la nada,
¿Recuerdas la ternura de aquel niño?
¿Su carita de Angel?
¿Su tórrida sonrisa?
Era el hijo de nadie,
que postrado en la miseria de los hombres,
mendigaba aquel trozo de pan,
al lado de las piedras roídas de las murallas…
¡Oh Dios, cuanto me duele la tristeza de los niños!!
Su llanto,
su desconsuelo…
No merece LA PENA caminar hacia la nada,
por eso ya no sigo,
¡Aquí me planto!
¡Aquí me quedo!
Y que los hombres del odio no me cuenten cuentos,
ni me regales rosas blancas,
¡que se queden con ellas!!
para adornar sus pecados,
sus siete pecados capitales.
Y la nada jamás llegó a dar la cara,
ni en la noche y el día,
Tal vez porque la nada,
¡NADA ES, O NO ES NADA!!

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