El último adios
4 de Mayo de 2008 a las 12:15 am | sobre Poesía | No hay comentariosRetumba en mis oídos aquel murmullo azul,
que entre penas de gloria caminaba,
y me alertaba con especial mesura,
que todo tiene fin,
incluso la memoria,
y las orquídeas que sonríen sin tregua.
Yo me quedé en silencio,
viendo pasar el amor sin detenerse,
y las turbias cancelas cerrarse,
entre chirridos horrendos,
entre pasmosas veleidades…
Era el último adiós,
el más dañino por su dudoso retorno.
Yo que vi cantar las amapolas,
y el alma mecerse en una cuna,
yo que te dije tantas veces,
que el principio y el fin eran lo mismo,
con este adiós tan duro,
tan oscuro y cruel que me arrebata,
retiro todas las palabras,
y los sueños,
retiro mis besos, y mi canto,
y me quedo entre lágrimas y desconsuelo,
llorando aquella tarde que se fue,
llorando aquel eterno adiós de primavera.
Carta de amor
4 de Mayo de 2008 a las 12:07 am | sobre Poesía | No hay comentarios¡Hola María!
se hizo la noche en mi semblante,
y no supe como decirte
lo mucho que te quiero.
Las sombras de la noche,
con sus trucos de siempre,
apartaban de mi tu figura emblemática,
y apenas pude percibir que me llamabas.
Ni siquiera supe nunca por qué la razón
dejó de sorprenderme en la alborada.
Tampoco intenté describirte aquellos
sentimientos de fuego que lastimaban
mis entrañas.
No fueron tres tan solo,
más no quiero abundar en el pasado,
ni recalar nuevamente en el vacío,
ni en la tierra de nadie que cercena
las amapolas blancas.
¡No se como decirte lo mucho que te quiero!
¡ni como regalarte el más tierno de los besos,
la más dulce melodía,
el más bello de mis sueños!
¡Ya lo sé María!
se que me buscas en aquel lugar
donde las rosas marchitaron,
donde el error se convirtió en destino,
pero ya no estoy allí,
ni siquiera recuerdo
la ubicación precisa
del olvido mortal que machacó mi vida.
Regresaron con cierto dolor en las espaldas
las tenebrosas dudas, las medias tintas,
los mitos, las patrañas.
Juro al Dios Bacco
que el consuelo que siento es por el vino, el vino tinto y sus taninos,
que en la copa celestial de mis promesas, me redime.
No quiero perturbar
esos silencios de la noche,
que entre espinas se esconden en la nada.
No equivoques la percepción solemne
de lo que aquí te escribo.
No pretendo de momento erguir la paz,
ni conquistar tu aurora con tristeza.
Solo quiero, mi amor, mi pequeña María,
mostrarte el lado oculto de mi alma,
en esta noche en que la luna
buscaba una cobija en el oriente,
un espejo en el lago de los sueños y perderse en los mares de la calma.
Sin saber como decirte que ¡Te quiero!
me despido,
impaciente por sentir en mi rostro la eternidad inmensa de tus labios,
y el calor sutíl de tus abrazos.
En una esquina del tiempo
4 de Mayo de 2008 a las 12:02 am | sobre Poesía | No hay comentariosSentado en esta esquina,
veo pasar inexorable el tiempo,
con sus luces de plata,
con el cielo en tus labios,
de amapola silvestre.
Sentado en esta esquina,
regreso hasta el principio,
que alerta, que consuela, que ama,
que redime los cielos y la tierra.
Y allí, sin la prisa que genera el olvido,
tiendo mis manos y todo lo que soy,
para que tú que tanto amor me tienes,
me regales la paz de las estrellas.
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